miércoles, 29 de agosto de 2012

''¿Quién es Jane?''


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Harry supo que había sido demasiado brusco al hablarle así a una chica que no le había hecho nada.
Que la profesora los hubiese obligado a besarse no era culpa suya. Había sido un beso intenso que le hizo recordar sus labios, el tenerla cerca y el añorar que ya no estaba y se había ido para siempre...
Sacudió la cabeza, evitando pensar en el pasado. Jane y él ya habían tenido demasiado contacto para su gusto. Liam estaba seguro de que era una buena chica, un poco consentida, pero buena al fin y al cabo.
Eso no le importaba, eso no impedía que no le cayese bien.
Comenzó a pensar que ir a su casa a decirle aquello había sido un error pero a medida que se alejaba de su apartamento trataba de convencerse de lo contrario. 
Bajó las escaleras, un poco alterado por la reacción de la joven. ¿Que no le había dado importancia al beso? Ya...podría ser, pero era muy poco probable.
Casi choca contra alguien: Zayn. Su hermano resopló por lo bajo y se apartó de su camino con cara de pocos amigos para perderse por las escaleras, en dirección al apartamento de aquellas dos preciosidades humanas.
Se había pasado la tarde hablando de que iba a llevarse a Jessica a la cama en nada y de que Harry tendría que quedarse con Perrie. Menudo idiota.
Harry entró en el Hummer que conducía Louis, que lo esperaba fuera. Su Jaguar se lo había prestado a Gina para no sabía qué cosa.
-Ey, vamos a casa, ¿no?-le preguntó.
Harry se puso a mirar por la ventana. Su casa estaba bastante cerca de allí.
-No quiero estar en una casa llena de chicas borrachas y humo, gracias.
-Hoy tocaba fiesta, Liam está en una reunión importante y nosotros tenemos la casa libre-arrancó el coche-.Además, Zayn puede que se traiga a Jessica-apretó con fuerza el volante.
-¿Acaso te molesta?-Harry alzó una ceja y se apartó un rizo de los ojos-.Es una humana, no estás enamorado.
-No, no lo estoy. Es solo que...-Louis calló e introdujo el vehículo por el camino del bosque hacia la gran mansión.
-¿Qué?
-Esa chica no es normal, Harry.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Hay algo...sobrenatural en sus ojos...Zayn está jugando con fuego. No debería arriesgarse con ella.
Harry lo miró. Estaba serio, hablaba en serio. .
-Louis, ¿acado sabes algo que yo no sé?
-Yo...-paró de nuevo y aparcó el coche en el enorme garaje-no, no, Harry. No es nada.
Harry no preguntó más. Era muy bueno ignorando algunos temas.
-Niall está arriba con la comida-Louis subió y bajó las cejas, sonriendo perversamente y cambiando de actitud.
-No tengo hambre.
-Vamos, Harry, hay una para ti solamente.
Harry frunció el ceño. Se oía música en el piso de arriba, en el salón.
Louis subió delante de él. Antes de llegar, Harry ya sabía de antemano cuántas personas había en la habitación. Eran siete contando a Niall. Seis personas en realidad.
Cuando apareció por el umbral de la puerta junto a Louis sus sentidos fueron invadidos por la mezcla de olores de aquel salón tan amplio (humo, perfume, alcohol,...sangre), por los sonidos de las risas femeninas seductoras y por las vibraciones de deseo que transmitían todos aquellos cuerpos juveniles.
-Harold, ven aquí-lo llamó Niall, rodeado de tres chicas. Dos morenas y una pelirroja-. Estas son mis futuras esposas.
Las tres rieron estúpidamente al unísono. Una de ellas, la pelirroja, se puso el pelo hacia un lado y dejó que el joven rubio le besara y mordiera levemente aquella parte de su cuerpo.
Harry supuso que estaría muy borracha y que aquellos patanes de Niall y Louis les habían alterado un poco la mente a las seis.
Louis rió sonoramente, se sentó en un gran sillón y se echó un poco de whisky en un vaso mientras que una chica de pelo negro y ojos azules y otra de ojos verdes se sentaban en su regazo. Louis miró sus muñecas y luego sus cuellos y se pasó la lengua por los labios.
-Samantha-dijo Niall, refiriéndose a una chica de pelo rubio y tez pálida-, ese de ahí es Harry. Sube con él al piso de arriba, él te cuidará.
Ella lo miró como una pantera, perezosamente de arriba a abajo como si quisiera llevarlo a la cama más cercana del lugar. Harry apoyó la espalda en la pared, inexpresivo.
-Estoy bien, Niall. Hoy no tengo hambre.
-Pero puedes divertirte, Styles.
Harry lo pensó detenidamente. No vendría mal jugar un poco con ella, ¿no?
Pero no quería, a quien quería en su cama era a Gina. No a otra. Tenía que hacer que la tal Samantha lo dejara tranquilo.
Harry la miró y salió del salón. Ella lo siguió, como una autómata.
-¡Ericaaa!-escuchó la voz de Louis, llamando a la criada de la mansión.
Se giró hacia la joven cuando estuvieron en el hall.
-Vaya mierda fiesta, cuando encuentre las bragas me voy-susurró, visiblemente ebria.
Harry puso los ojos en blanco. Cómo le exasperaban aquellas chicas adolescentes americanas.
-Hey, Sammy, Sam,...
-Samantha.
-Como sea. Ahora mismo no eres tú misma, así que vete a casa-le exigió, abriendo la puerta.
Ella titubeó pero obedeció.
Harry cerró de un portazo y se dirigió a subir las escaleras.
-Harreeeh, ¿por qué la has echado?-le gritó Louis.
-Eres un borracho-Niall se rió.
-No,no lo soy.
-Sí, lo eres-dijo la sensual voz de una chica.
Harry se acercó al salón. Gina había entrado por el jardín y estaba de pie al final de la habitación. Su pantalón de cuero negro se ajustaba perfectamente a su perfecto cuerpo y su blusa de encaje la hacía más irresistible aún. Agitó su cabellera rizada como resignándose a lo que decía Louis.
-No estoy borracho.
-Cariño, le preguntaste a Rebecca Black qué venía después del jueves...
-Friday, friday...-Niall musitó la canción y le dio un beso a una de sus chicas mientras reía.
-¿Sabes cuántas calorías tiene ese vaso de whisky?-le preguntó su chica, la del pelo negro y ojos azules.
-¿Sabes cuántas mierdas me importa?-Louis le guiñó el ojo.
Harry sonrió a medias.
-Te mereces un beso, Louis-dijo-...en la mejilla...con un bate de béisbol.
Gina rió y se acercó a él. Harry a sintió su perfume adentrarse por su fosas nasales. Ella cogió su mano y tiró de él.
Harry la siguió hasta la habitación de ella y la besó con desesperación cuando ella cerró la puerta.
La había echado de menos rodeado de tantas chicas sin cerebro.
Gina no dejó de besarlo ni un instante mientras le quitaba la camiseta negra y enredaba sus dedos en su pelo. Harry la alzó de tal forma que ella rodeó su cuerpo con sus piernas. A ciegas, ella lo llevó hacia la cama.
Él se tendió sobre ella y besó su cuello, para detenerse allí. Su mano recorrió su cintura y le sacó el ajustado pantalón de cuero.
-¿Quién es Jane?-susurró ella sin dejar de besarlo.
Harry se detuvo.
-¿Quién?
-Jane-Gina besó su cuello.
-¿Por qué lo preguntas?-él se apartó un poco, para mirarla.
-Porque la has besado.
Harry frunció el ceño.
-No es nadie.
-¿En serio?-Gina alzó una ceja-.Su padre está hablando con Liam ahora mismo. ¿Acaso tienes que llevarla a tu terreno para beneficiarnos? Porque si es así, hazlo.
Harry se incorporó sobre la cama. A veces a ella no parecía importarle nada más en absoluto que el bien de la familia.
-¿Qué?-le preguntó ella.
-No es nada.
-En serio, Harry-Gina se sentó junto a él-.Si esa chica es la clave para no delatarnos, debes ayudarnos.
Harry no contestó, se puso de nuevo la camiseta. Ella lo miró, extrañada. ¿De verdad no se daba cuenta de nada?
-¿Dónde vas?
-A dormir.
-Creí que dormirías conmigo.
Él solo salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente tras de sí.
Él era solo un niño y ella ya era una mujer. Jane solo era una humana, y él era algo simplemente letal.

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