lunes, 21 de enero de 2013

Kill Niall volumen 2



Narra Summer: 

Aquel día tan raro sólo pudo ir a peor. Tras dar plantón a Niall en la biblioteca, me encontré con mis compañeras de piso en las taquillas y, tras ponerlas al corriente, terminamos preparándonos para la fiesta. Al principio, Jane y yo nos opusimos firmemente, pero tras discutir el trío de sabias, pensamos que sería una oportunidad única para zanjar diversos asuntos… sexuales. Además, decidimos llevarnos a Roberta con la doble intención de que recopilara información y de usarla para lanzarla contra los chicos si la cosa se ponía fea y teníamos que salir por patas de allí. Era una chica de doble bolsa y de doble uso. 

Roberta podría pasar por una empollona, pero realmente era más tonta que las piedras, y tan maruja que había llegado a pagar por que le contaran cotilleos en más de una ocasión. A mí personalmente no me caía demasiado bien. Por un lado, dejaba mal a la gente estudiosa como yo porque los había que no sabían diferenciar a una persona inteligente de una friki extraña. Y por otro, odiaba que se metieran en mi vida, y ese era el mayor vicio de esa chica. Para rematarlo, era más fea que un troll chupando un limón y El Trío Fantástico pasamos las de Caín para poder dejarla medio decente para la fiesta. La chica se presentó en nuestra casa con lo que ella había asegurado era “su mejor trapito”, un vestido corto de hamburguesa hecho de lana. Tras un momento de incredulidad, Jess se fue corriendo a potar a la papelera, Jane optó por ponerse sus gafas de sol y yo sólo pude dibujar una mueca en mi cara después de que la risa y las ganas de llorar se mezclaran intensamente en mi cerebro.



Roberta, lista para ser "comida"... o envuelta en papel y ser tirada a la basura


-No… -sentencié, ya que no podíamos dejarla allí sin decir nada mucho más tiempo o podría sospechar-, tienes una pinta tan buena que los chicos querrían comerte y no nos dejarías ninguno para nosotras.

Roberta “la feta” se sonrojó un poco y sonrió. La situación estaba salvada, pero Jess parecía que iba a morir de deshidratación porque una nueva cascada de líquido repicó contra la papelera de la habitación al imaginarse, supongo, la idea de “comerse” o “tirarse” a la cotilla feílla. Jane fue mucho más sutil y sólo curvó la comisura de sus labios en una medio sonrisa, como aguantándose las ganas de reír y retando a Roberta a que se le ocurriera quitarle a su rizos. Lo bueno es que sus gafas de sol a la última moda tapaban bien sus ojos (y la mitad de su cara) y quedaba hasta simpática.


-Nosotras te dejaremos uno mucho menos… apetecible, pero con el que estarás muy guapa y elegante. ¿Confías en nuestro gusto por la moda?


Esa era una pregunta trampa para no dejarla otra alternativa que someterse a nuestra manipulación otra vez. Todo el mundo sabía que en cuestiones fashion éramos las líderes indiscutibles del instituto.

Finalmente, tras una ardua sesión de maquillaje y pasarela de modelitos, decidimos ir a por nuestros hombres y a por el pobre infeliz al que pudiéramos empaquetar a Roberta. No había muchas esperanzas, pero siempre podríamos proponerle jugar con nosotras al escondite y no buscarla nunca.


Al llegar nos recibió muy cortésmente el más moreno de la familia de buenorros, ese al que llamaban Zayn y que a mi hermana le ponía muchísimo, aunque yo estaba acostumbrada a las bajas pasiones de Jess y sabía que lo de ellos no duraría mucho. La rubia cambiaba de ligue como de zapatos, y eso era muy a menudo. Nos invitó a entrar como todo un caballero y lo que nos encontramos en el salón fue exactamente lo que me esperaba. Sillones, cuadros, muebles… todo carísimo y decorado con un gusto antiguo exquisito. 

Realmente son unos Cullen.-pensé. 


El toque de modernidad lo daba un aparato de música de última generación que seguro que poco le faltaba para poder hacer tostadas. De él salía una música misteriosa, a veces suave, otras intensa, que parecía querer embrujar. Pegaba con todo aquello, pero no me terminaba de convencer. Fruncí el ceño. Y ya no pude apartar más la vista de lo importante, hasta entonces por vergüenza aprendida más que otra cosa, ya que era obvio qué más había allí teniendo en cuenta para lo que íbamos. En los sofás, contra las paredes, en el suelo… unos cuantos jóvenes, compañeros nuestros de instituto, se mezclaban desnudos con algunos Cullen y entre sí en una especie de ballet carnal. Dúos, tríos, cuartetos, había de todo. Noté que se movían algo más lento que lo normal en estos casos, pero parecían disfrutar. ¿Quizás así se siente más? Decidí probarlo la siguiente vez que echara un polvo… que no sabía si sería en ese día. 

Vi cómo Roberta recorría rápidamente su mirada por todos ellos, recopilando sin duda información que pudiera usar luego. Decidí ignorarla; yo había hecho lo mismo buscando al chico al que había dejado cachondo perdido hacía unas horas. Ni rastro de él. Me sentí doblemente aliviada, pero una de las maneras no la supe interpretar. Repentinamente estaba confundida. Me puse un poco tensa. 

Entonces se acercó Potter, mirando de manera prolongada a Jane y uniéndose al grupo. Había aparecido por el salón como buscando a alguien, pero ahora parecía fastidiado. ¿Es que no era ella con quien quería pasar el resto de la noche? No lo entendía, pero no tuve más tiempo para pensar en eso porque en un abrir y cerrar de ojos apareció Niall a su lado con una sonrisa. 

-¡Soy un ninja!-exclamó contento.


Me sorprendí. ¡¿Cómo lo había hecho?! Hacía un momento no estaba por ahí… Tuve sentimientos contradictorios y apreté un poco la mandíbula, pero decidí adoptar una actitud seria-indiferente. El rubito de ojos de cielo bromeaba con un Harry que no estaba de humor. Potter le echó una nueva mirada mezcla de fastidio y tristeza a mi amiga y Zayn arrastró lejos a una Jess que se resistía poco a esas peticiones. Entonces Niall se acercó a hablarme y Jane, tras echar una mirada aburrida al salón, salió por una puerta, seguida al poco por Harry. En un momento nos habíamos quedado solos, ya que de Roberta no había ni rastro por alguna extraña razón. Tampoco me importaba demasiado. Niall se puso un poco serio.


-Veo que al final has venido. Estoy contento, pero…
-Lo sé. Cambié de idea al darme cuenta de que venir aquí podría serme útil.
-¿Útil para qué?


Me le quedé mirando fijamente. A esos ojos azules que eran los más bonitos que había visto nunca… En ese momento se oyó una voz que cruzó toda la sala.


-¡Suuuuuuummmmmeeeeeeeerrr!


Era Gina, que se acercaba a paso veloz con sus andares elásticos desde la otra punta del salón mientras agitaba una mano saludándome feliz. Cuando llegó a mí me cogió uno de los brazos y lo abrazó.


-¡Qué contenta estoy de que estés aquí! ¡Vamos a pasarlo genial, amiga!


Estaba efusiva, aunque no especialmente borracha, y se había autodenominado amiga. Well…


-Yo también me alegro de verte, Gina.-sonreí, y era más cierto de lo que podría esperar. Quizás mi situación con el chico que tenía en frente y que la miraba con fastidio tenía algo que ver.
-Oye, te veo sin copa. ¿Es que el organizador aquí presente ha olvidado darte la bienvenida como es debido, siendo la invitada especial? ¡No me lo puedo creer, Nialler! ¡¿Cómo vas a conquistar a una dama como ella si no te ocupas de sus necesidades ni cuando te corresponde en primer grado?!

Ella se giró mientras le reñía y él se puso un poco colorado.


-¡Cl-claro! ¡Ahora mismo vuelvo!-dijo con apuro y se fue.
-Ahí donde le tienes, es una mezcla de chico tímido y sexópata.
-Wha-whaaat?!


Me quedé muda y di gracias de no haber estado bebiendo nada todavía. Ella se rió un poco.


-Sí, bueno, ya ves cómo es normalmente, pero luego también monta estos tinglados. Y le encantan. Está viciado al sexo. Pero no te preocupes, que normalmente es formal. A mí también me gusta de vez en cuando sentir el calor humano, ya me entiendes. ¿A ti no?
-Sí, claro.-era más selectiva en cuanto a hombres que mis compañeras de piso, pero también disfrutaba de un buen revolcón el resto de las ocasiones.
-¡Entonces no hay problema!-ella sonrió-Como amigos o algo más os llevaréis muy bien.


Su conversación era agradable y ella no parecía saber nada del “momento biblioteca”. Bien, bien. En ese momento regresó Niall con un par de sofisticados martinis, Gina cogió uno de ellos por sorpresa y se despidió mientras se iba alejando poco a poco.


-Me temo que me tengo que ir ya, pero espero veros en otro momento de la noche, ¿vale? ¡Besitos, chicos!


Ojos claros se quedó con cara de fastidio mientras me entregaba la otra copa y yo de divertida sorpresa. 


-Esa chica es un caso.-sonreí riéndome mientras la veía alejarse con andares gatunos.
-¿Tú crees? ¿Qué te ha dicho cuando yo no estaba? ¿Ha seguido criticándome mucho?
-No realmente. Me ha dicho cómo eres.
-¿Y cómo soy según ella?
-Tímido y sexópata.-la tercera palabra le pilló por sorpresa. Por lo visto no esperaba que ella desvelara un secreto así. Decidí arreglarlo.-Pero ella lo ve como algo casi natural y me ha preguntado si a mí también me gustan esas cosas.
-¿Y tú que has dicho?-disimuló un poco su interés por la respuesta.


En ese momento pasó por nuestro lado una chica que desconocía, pero que sin duda tenía que ser una de ellos. Se notaba que era diferente, como el resto de los Van der Croeft. Ella parecía que buscara a alguien y Niall no apartó la mirada de ella hasta que esta salió del salón. Sentí una punzada extraña y mi primera reacción fue salir de allí sin volver la vista atrás, pero entonces recordé lo que había hecho hacía apenas unas horas. Había sido una calientabraguetas para darle una lección, y por lo visto no había servido para hacerle ver que conmigo no se jugaba. Necesitaba otra el chaval. Y más dura.


Adopté una expresión neutral y en ese momento el giró su cabeza hacia mí, consciente en su cara de lo mucho que la había cagado. Seguí hablando con el mismo tono que antes.


-Me preguntabas por mi respuesta a Gina. Sobre si me gusta el sexo o no.


Entonces me le quedé mirando, comencé a andar hacia atrás y me di la vuelta para echar a andar escaleras arriba. Él pareció desconcertado y me siguió. Cuando estaba a punto de subir el primer peldaño él me agarró de un brazo para que me diera la vuelta, tal y como yo quería. Entonces me giré rápido y le besé. Igual que había hecho en la biblioteca, respondió inmediatamente a él y en seguida lo hizo más fiero. Yo puse mis brazos detrás de su cuello y eché a andar hacia atrás, esta vez sin intenciones de separarme de él, para ir subiendo las escaleras. Él me estrechó entre sus brazos y avanzó también. Para cuando llegamos arriba, ambos necesitábamos con urgencia un sitio donde hacerlo. Dejé de besarlo el tiempo necesario para decir “Baños…”, pero para él debió de ser demasiado porque vino a buscar mis labios con impaciencia. Se movió para ir conduciendo él a partir de ese momento, ya que era su casa y sabía dónde estaba cada cosa. Por suerte, no tuvimos que pasar por delante de muchos chavales borrachos para dar con un baño libre en un corredor con un montón de dormitorios. Al entrar, me aparté un poco de él para empezar a bajarme la cremallera de mi vestido.


-Ya…-dije casi sin aliento.


Él captó mis prisas, se metió en la ducha y empezó a desnudarse. Para entonces yo había recuperado la respiración y todo ocurrió muy rápido. Me acerqué al enamorado de Nando’s y abrí el grifo. Una cascada de agua helada comenzó a caer sobre él, algo que le pilló totalmente por sorpresa. Entonces me volví y salí deprisa del baño, cerré la puerta y giré la llave que tenían en todos los cuartos para cerrarlos cuando no se usaban. Finalmente me la guardé en el escote. Volvía a hacer jaque mate.


A continuación me puse a andar por el pasillo, que ahora estaba ya totalmente desierto. Nadie le oiría. Me di cuenta de que había ascendido de rango: había pasado de calientamachos a puteadora. Quería mi premio, y no iba a tardar en encontrarlo. La canción que silbaba cierta enfermera de Kill Bill se me vino a la mente, pero debía permanecer en silencio.


Cuando me acercaba a las escaleras que daban al salón vi que una de las habitaciones tenía la puerta abierta. La muchacha Cullen que había llamado la atención del encerrado estaba sentada en la cama, mirando al suelo, como esperando a alguien. Entonces supe lo que tenía que hacer, que era exactamente lo que quería hacer. Hoy había aprendido a actuar así, sin pensar, y en mi propio beneficio y placer. Jess y Jane lo hacían y les iba bien. 

Llegué a la habitación, crucé la puerta y me planté delante de la joven. Ella levantó la vista para ver quién era y en ese momento la pegué un puñetazo en la cara. La chica gritó de dolor y se cayó al suelo. Yo me hice un poco de daño, pero sin duda quedé mejor que ella, y me marché de allí igual que había entrado, bajando las escaleras con paso ligero y con intenciones de salir de aquella mansión a la de ya. No sabía del todo por qué lo había hecho, pero me sentí bien. A lo lejos escuché la voz de aquel al que llamaban Louis.

-¡Kevin, a quien quiero de verdad es a ti! ¡Mira mi zanahoria!


No me quise imaginar qué era su zanahoria, aunque lo cierto es que lo había hecho. Salí por la otra puerta hacia la entrada y vi que la principal estaba abierta. Se escuchaban unos cuantos gritos. Al acercarme para salir por ella vi cómo un coche de lujo atropellaba a un chico que hasta momentos antes había estado hablando, y por ende ligando, con nuestra amiga la del vestido de hamburguesa. Por lo visto el conductor, Hazza, había matado al único muchacho, qué digo, ser vivo, que había querido a Roberta alguna vez. Dejando salir la adrenalina y haciendo nuevamente lo que me daba la gana en ese momento, grité “¡Noooo! ¡Han matado a Kenny!”. Entonces la troll, más fea todavía ahora que estaba llorando y además se le emborronaba todo el maquillaje, reparó en mi presencia y corrió hacia mí para que la consolara. 

Mientras, escuché gritos detrás y vi cómo la chica a la que creía haber dejado claro que me caía mal venía por el vestíbulo hacia donde me encontraba, pese a que Zayn intentaba controlarla. Perfecto, la friki doble bolsa iba a cumplir además su función de doble uso. Según llegaba deprisa a mi lado le puse una mano sobre cada hombro y la lancé con ímpetu hacia donde estaba la que llevaba la cara ensangrentada y una rabieta del quince. Como esta había estado a punto de alcanzarme, ambas chocaron con fuerza y se cayeron al suelo como si fueran bolos, ocasión que aproveché para terminar de salir de la infernal mansión y dirigirme hacia donde estaba Jane, que había salido horrorizada del coche de Potter y se encontraba al lado del cadáver.

-Bueno, piensa que habiendo salido con La Reina Cotilla hubiera acabado peor.-la consolé poniéndole una mano sobre su hombro.

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