martes, 24 de septiembre de 2013

Judas de Gaga



Narra Summer: 

La fiesta de locos terminó. Si tuviera que explicar lo que sentí en la orgía Cullen sólo podría hacerlo comparándolo a una droga. Durante mi estancia en el salón y mi después “paseo interactivo” por la mansión, me comporté de una forma nunca vista en mí. Y Roberta… ¿con qué cara la iba a mirar a los ojos la siguiente vez que la quisiera manipular? ¿Había tenido esa música tan extraña algo que ver con todo aquello…?

Al salir de la mansión, había intentado llevarme a Jane de allí porque me iba persiguiendo una lunática rabiosa y pensaba que ya era hora de irse, pero Harry nos detuvo e insistió en acompañarla él a nuestro apartamento. Acepté, y esperé a Jess, que acababa de salir de aquel lugar de mala muerte, pero alguien se la adelantó. A lo lejos vi cómo Gina pasaba por la puerta principal con cierta dificultad y venía hacia mí corriendo grácilmente y saludándome con la mano, sobrepasando a Jess. Cuando llegó a mi lado, la dama felina me contó que quería despedirse apropiadamente de mí, y tras darnos un beso de despedida en la mejilla y agradecerme que hubiera ido, tuve una sensación extraña, como si una esponja imaginaria aspirara algo dentro de mi mente. Me quedé extrañada, pero Gina se fue tan rápido como vino, pasando de nuevo junto a Jess, que ya casi había llegado hasta donde me encontraba. Entonces montamos en el coche y nos fuimos finalmente a nuestra casa.

Esa noche fue algo agitada para las tres, sobre todo para Jane, y tras un domingo un tanto extraño, el lunes decidimos saltarnos unas cuantas clases y aprovechar ese tiempo durmiendo y poniéndonos al día con nuestras cosas. Resumiendo, yo estaba un poco avergonzada, Jane parecía confusa y Jess no quería darle importancia a nada de lo que le ocurrió. Cuando terminé de leer lo poco que se habría avanzado ese día en las clases, las insté para ir a la última que nos quedaba esa mañana. Al menos haríamos acto de presencia y podríamos ponernos al día. 

Llegué justo para empezar Interpretación, Teatro para los amigos. Cuando entré, Gina y Álex se apresuraron a ponerse a mi lado, pero cuando ambos comenzaron a hacerme preguntas a la vez la profesora los mandó callar. A continuación, anunció la obra que representaríamos a finales de curso y me di cuenta de que era totalmente contraria a la de Jane y Jess. De hecho, la nuestra era la versión antigua de Crepúsculo, que se llamaba Romeo y Julieta. Además, como estudiábamos otros idiomas, nuestra puesta en escena iba a ser en español. Varios estudiantes suspiraron con cierto fastidio, pero para mí fue una grata sorpresa. Sí, iba a ser más difícil que en versión original, pero yo tenía raíces españolas y me sentía orgullosa de ello. Un fuego interior se encendió en mí y Álex se volvió para mirarme, intuyendo lo motivada que tenía que estar, al igual que él, que tenía antepasados dominicanos. Gina miró a la sita con desconcierto. Nunca antes se había mostrado así, como si no supiera qué hacer… Mientras, un compañero había expresado sus quejas disfrazadas de dudas.
-¿Pero eso no será matar a Shakespeare? ¿Seguro que se captará la esencia en otro idioma? -¿De verdad es eso es lo que te preocupa, Sanders?–respondió Ms. Radcliffe con el ceño fruncido-Porque si es así deberías saber que Shakespeare se lee en numerosos idiomas desde hace décadas y todo el mundo es capaz de apreciar su grandeza.

Para sorpresa de todos, Gina, la siempre segura de sí misma y esquiva con todos salvo conmigo, fue la siguiente en mostrar su desacuerdo.

-¿De qué nos sirve hacer una obra que pocos van a entender? Supondrá hacer un esfuerzo inmenso para nada.

La profesora entonces se dirigió a ella.

-Saber otras lenguas es signo de inteligencia, cultura y conocer mundo, que es lo que vais a demostrar. Si los neoyorkinos son incapaces de aprender un idioma tan presente como el español, sin duda es culpa de ellos y de sus carencias personales.

La chica Cullen puso mala cara. ¿Acaso ella no…? Pero la profesora interrumpió mi línea de pensamiento anunciando que, aun así, sería un nativo y no ella quien nos ayudaría en adelante a perfeccionar nuestro acento. Entonces mandó pasar a uno de los tíos más buenos que había visto en mi vida. Oh shit… Oh shit. Oh shit. Oh shit. Oh shit. Oh shit.

El latin lover era un joven que no alcanzaba los 30, alto, moreno y de ojos celestes incapaz de dejar indiferente a nadie. Simplemente perfección en estado puro. Los chicos se mostraron fastidiados y varias chicas empezaron a lanzar grititos. Gina también había agudizado su vista, interesada, y cuando las escuchó se giró hacia ellas lentamente y con cara amenazadora. Si no fuera porque no podía evitar mirarle, me hubiera sorprendido de que pudiera hacer algo tan espeluznante, estilo la niña del exorcista. Estaba claro que nuestra nueva adquisición le atraía y acababa de quitarse a algunas rivales definitivamente.

Desde el centro de la clase el ángel hecho hombre se presentó en español, hablando lento y con una voz demasiado sexy para ser real. Seguro que las caras que tenía que estar poniendo en ese momento eran tontísimas y Álex, a juzgar por su gesto de “Oh, please” mientras me miraba, opinaba igual. Me importó poco porque él también salía de vez en cuando con tías que no me gustaban, pero eh, era libre ahora, y yo también.
Tras una prueba de lectura general quedaron demostradas varias cosas: 1) La tía con mejor nivel era yo, ninguna sorpresa, así que el papel de Julieta era mío sin discusión. 2) El de Álex era bueno, el mejor de entre los tíos, pero no el necesario todavía para ser Romeo fruto de no ser empollón, así que o mejoraba o habría que buscar a otro candidato… 3) Gina sabía de español lo que de chino: nada. Tras explicarse a la profesora y debido a su imponente presencia, se decidió que haría de algún personaje femenino con pocas líneas que hasta se podía inventar.

Presumiblemente, pues, seríamos ella y yo las féminas que pasaríamos más tiempo con ese tío bueno que había estudiado Derecho y se había llamado a sí mismo Marcos. Las dos nos llevábamos bien hasta el punto de que nada parecía haber cambiado entre nosotras por muchos destrozos que había hecho en su casa y su familia, pero no me gustaba esta rivalidad entre nosotras.

El resto del día pasó sin incidentes y esa misma tarde, tras ser todavía más embellecidas por algunos de los mejores maquilladores del mundo, las tres mosqueteras nos pusimos nuestros fabulosos vestidos para la ocasión y nos dirigimos en limusinas a la fiesta de gala que daba el padre de Jane en el hotel.

Allí, como era de esperar, se encontraba la flor y nata de la ciudad. Personas de negocios, famosos, gente influyente. En medio de la elegante y exquisita decoración, un apuesto camarero se nos acercó con copas de champagne. Cogimos una cada una, nos adentramos más en la fiesta y nos separamos. A mí me pillaron por banda unos magnates amigos de mi padre y, tras preguntarme por mi vida, intercambiamos unas cuantas ideas sobre economía. Era joven, pero la esperanza del negocio familiar millonario recaía en mí y sabía lo útiles que son los contactos en este mundillo, así que me mostré lo más encantadora que pude y deseosa de aprender. Después de un rato, ellos mismos afirmaron que ya era hora de dejarme ir y me desearon que disfrutara de la noche. Ricachones adorables. Mi padre, que se había unido a mitad de la conversación, me sonrió cuando me fui. 
En ese momento me di cuenta de que había nuevas incorporaciones. La familia famosa querida por todos había hecho acto de presencia y se encontraban haciendo un poco lo suyo: unos cuantos socializando, otros ligando… Mientras me acercaba vi como el grupo Jess+Jane+Niall+Louis se rompía, quedándose los chicos solos. El último se había traído a su paloma de mentira y había comenzado a hablarla, susurrándole cosas bonitas y dándole besos en el pico. Viendo que Niall claramente sobraba y dejando que el champagne hiciera un poco de efecto, decidí echarle un salvavidas, aunque ahora no se estuviera a punto de ahogar literalmente.
-¿No te has traído tú a nadie a quien quieras besar?-le pregunté desde detrás de su silla en aquella mesa de comedor.

Sí, había empezado un poco fuerte, pero me había salido del alma. Él se giró, con sorpresa, y sus ojos azules se posaron en los míos.

-¡Oh! Ehhh…, hmm,… ¡no! Pero eso se puede arreglar…

Su mirada sugerente indicaba que la candidata era yo. Bien.

-Ven. Quiero enseñarte algo.

Comencé a andar y él se levantó de la silla y me siguió. Louis, que en ese fragmento de tiempo había pasado a los besos apasionados con el pájaro, se quedó intentando apaciguarlo.

-No, Kevin. Ya sé que es un hotel y hay un montón de habitaciones para poder tener más intimidad, pero es demasiado pronto. Estamos yendo muy deprisa esta noche…

Por el camino nos encontramos con unas cuantas personas interesantes. Mi madre, que estaba junto con otras mujeres adineradas hablando Dios sabe de qué, me detuvo, me miró con desaprobación por ir con el rubiales y me ordenó que estuviera de vuelta a medianoche. Genial, como Cenicienta. Antes de que las cotillas pudieran intentar sonsacarme algo que consideraran jugoso, y más yendo acompañada, di media vuelta apresuradamente y me esfumé. Zigzagueando por entre la gente también nos cruzamos con aquella chica a la que había pegado el día anterior. Apretó la mandíbula y me miró con intensa rabia, pero simplemente pasó de largo. Me di la vuelta. Niall, que continuaba detrás, le había prestado la misma atención que cualquier otro y se había vuelto a fijar en mí para seguirme.

-Puedes quedarte con ella si lo prefieres.
Mi tono era indiferente, casi simpático, pero no sonreía.
-No, no quiero. Me apetece estar contigo. -Oh, vaya, ¿y eso?-me sorprendí brevemente. Después de lo que le había hecho… -No sé, me pareces una chica interesante. A veces me cuesta entender a las mujeres, pero lo de ayer me dejó completamente K.O. Pensaba que podía prever tus movimientos y tus pensamientos, pero está claro que eres más misteriosa de lo que pensaba, y eso me gusta.-su inicial cara de desconcierto dio paso a una sonrisa.

Tenía sentido lo que decía, pero aun así le había tratado mal dos veces y también lastimado severamente a la chica que… bueno, no sabía exactamente qué sentía por ella, pero le molaba, y no parecía importarle. Mi apatía empezaba a aflojar… Mierda, maldito mujeriego encantador. Cuando mis labios decidieron dibujar una sonrisa me giré y apreté el paso. Ya estábamos cerca de los ascensores, subimos y aproveché ese tiempo para mirarme en el enorme espejo. Seguía estupenda. ¿Cuánto duraría…?

Las puertas se abrieron en el hall del hotel, donde aún había una cantidad importante de gente, lo cruzamos y salimos fuera. Llegamos a los jardines, tan grandes como aparentemente desiertos en ese momento. La luna y las farolas mostraban las rosas y la iluminación de la estupenda piscina invitaba a darse un baño. Esa zona era apropiadamente más íntima. Me acerqué y Niall me siguió nuevamente. 
-Había pensado en echarte al agua si las cosas iban mal, para no perder la costumbre.-confesé. -Hablas un poco como una psicópata. -Te lo merecías. No estuvo bien lo que hiciste.-expliqué todavía seria. -¿Qué hice? Sólo la miré. Está buena. Esta es una de las cosas que no entiendo de las mujeres. ¿Tú no miras a hombres que consideras atractivos? ¿O te acuestas con ellos? Si no tienes pareja, ¿qué hay de malo en eso? -Mira, dejando de lado el importante hecho de que se supone que sois familia… No deberías tener conversaciones “íntimas” con una chica mientras pasa otra por la que pierdes el culo. Eso da a entender que no eres serio en lo que dices o que incluso te estás burlando de ella. Podrías acostarte con la otra si no sois pareja, pero… Mira, cuando alguien te guste, y no me refiero para un polvo, sino de verdad, lo entenderás.

Sentía que ya no tenía nada que hacer allí y me di la vuelta para marcharme. Entonces él me agarró la mano, me giró y me tiró de repente a la piscina. En un momento y con sorpresa, sentí el agua fría como una gran bofetada que me cubrió entera. Salí a la superficie con la ropa encharcada y seguramente todo el maquillaje corrido, con mezcla de incredulidad y empiece de cabreo.

-¡¿Qué has hecho?! ¡¿Por qué…?! -Quién se equivoca va al agua, ¿no?
Ahora el que estaba más serio de lo normal era él.
-… ¡¿Qué?!-no entendía qué quería decir con eso, adónde quería ir a parar.

Mientras, movía brazos y piernas para mantenerme a flote. El tiempo, gracias a Dios, era bueno, y sólo sentía un poco de fresco.

-Tú no sabes lo que yo siento. Ella me atrae en gran parte por su físico, pero sé que no tengo nada que hacer. Nunca habrá nada entre nosotros. Menos aún que con todas esas chicas con las que me acuesto en mis fiestas y que para mí no significan nada salvo un medio para pasarlo bien. Ayer renuncié a ello gustosamente para estar contigo, igual que esta noche, porque aunque por lo visto no vayamos de ese palo, lo prefiero así. La golpeaste, cuando ella no tenía culpa de nada, y aun así he intentado entenderte en lugar de pedirte explicaciones y darte lecciones sobre lo que está bien o no. Así que dime, si eso no es gustarte alguien, no para un polvo, sino de verdad, como tú dices, ¿qué es?

Me quedé muda. Lo había soltado todo. Sólo pude concretar lo que mi corazón y mi mente me decían en ese momento con una canción.

-Eres como el Judas de Gaga.

Él se sorprendió un poco desde allí arriba. Su semblante serio y sus manos metidas en los bolsillos de aquel traje le daban un aspecto adulto que no había tenido ocasión de apreciar antes. Era como un descubrimiento, la otra cara de una misma moneda, pero mantenida oculta, como la de la luna, que en ese momento iluminaba sus ojos azules cielo que tanto me gustaban. Su sonrisa franca y aspecto aniñado de siempre le daban un toque totalmente adorable, pero la madurez que demostraba en esos instantes le hacía realmente atractivo.

-¿Quieres decir que te sientes traicionada pero te gusto? Esto empieza ya a no tener ningún sentido… -Tus palabras, al igual que tus actos, son agridulces. Hablas de sentimientos, pero también de atracción. Sabes lo que quieres, pero “el lado oscuro” te llama demasiado. De una persona así sólo se puede esperar traición. Y en cuanto a lo segundo…

Me paré en seco. No quería decir lo que sentía. Yo no iba regalando amor a gente así. Cuando vio que no pensaba continuar, siguió él.

-Permíteme entonces que te conteste con otra canción que creo que me define mejor en este asunto-respondió con una media sonrisa, todavía con esa pose de chico malo-, pero antes tendrías que quitarte esa ropa si quieres que esté seca para medianoche. -Argh, ¡lo sé! Pero aunque lo haga no va a estar bien para entonces… ¡Y no pienso quedarme en ropa interior delante de ti! -Venga, si sales cogerás un resfriado. Quítatela y yo la llevaré a la lavandería. Le diré quién eres tú y quién soy yo y seguro que la tienen lista para entonces. También cogeré toallas.

Por más que lo intenté, no encontré otra solución. Era eso o entrar chorreando al hotel haciendo completamente el ridículo.

-Está bien. Date la vuelta.

Teniendo en cuenta que nos habíamos liado dos veces el día anterior, no es que tuviera una vergüenza especial, pero él me cabreaba un poco y no me apetecía desnudarme así delante de él precisamente.

-No cuentes con ello.-su media sonrisa se acentuó un poco más.-Me quedé con ganas de verte así ayer. -¡Argh! ¡Entonces lo haré yo!

Y dicho y hecho, me giré, dándole la espalda, después de haberme quitado los zapatos y habiéndolos puesto en el borde de la piscina, a su lado. Tras alejarme unos metros a una zona donde cubría algo menos y podía hacer pie, comencé a bajarme la cremallera del vestido, que parecía ondular entre el agua, y después empecé a deslizarlo hacia abajo lentamente, con cuidado de conservar la ropa interior, para finalmente sacar grácilmente un pie y después otro. Por último, me agaché un poco para cogerlo, teniendo que mojarme el pelo, cosa que aproveché para desarreglarme completamente el peinado y finalmente dejar que el agua me lo alisara al subir a la superficie. Una exhibición de sirena y estaba preciosa de nuevo. Soy Summer Smith, bitch, y si quieres jugar así conmigo te voy a dejar palote. Con ese orgullo volví nadando hacia él, con el vestido en una mano, y cuando lo dejé junto a los zapatos, que aún goteaban, pude comprobar que llevaba razón. Seguía con la media sonrisa, pero ya no estaba serio, sino interesado. Le había puesto.

-Está bien. Ahora vuelvo con las toallas.

Se agachó, cogió mis cosas y se fue hacia el hotel, haciendo un reguero hasta la entrada y dejándome allí sola de esa guisa. Di gracias una vez más por el buen tiempo y deseé que volviera pronto y no se le ocurriera dejarme allí tirada. Porque sí, eso es algo que le hubiera hecho yo de habérselo merecido, pero si él decidía ser así en aquellos momentos, lo lamentaría. Vaya que si lo haría.

Esperé un rato que se me hizo demasiado largo. Aproveché para nadar un poco y disfrutar del momento. Era una sensación agradable, placentera, y todavía tenía algo de tiempo según mi reloj caro que obviamente resistía al agua. Volví cerca de la orilla y, aburrida, cogí agua con una mano, que se fue escapando por entre mis dedos. ¿Qué sentía por aquel chico? Mis propias ganas de negarlo todo hacían que ni yo lo supiera. No quería saberlo. ¿Y qué sentía él? Me parecía un Judas de Gaga, pero él había dicho que a la vuelta me iba a responder con otra canción que le definía mejor. ¿Cuál sería...?

En ese momento las puertas del hotel se abrieron y entró él, con unas toallas blancas en una mano mientras con la otra se iba quitando la corbata.

-¿Qué dem…?-se me escapó.

¿Qué estaba haciendo…? Cuando llegó junto a mí, dejó todo en el suelo y comenzó a desvestirse totalmente. Cuando fui a expresar mi desconcierto, habló él.

-Buenas de nuevo. Llevé tus cosas a la lavandería, cogí toallas y me prometieron que en un rato lo tendrían listo. Además, conseguí que por los altavoces del jardín pusieran la canción de la que te hablé antes. Me encanta, y así es más apropiado. Se te grabará mejor el mensaje también. -What? Lo del vestido me parece un alivio, pero esto… ¡¿Y por qué te estás desnudando?! -Porque tú estás ahí y la canción tiene que ver contigo.-comentó mientras tiró finalmente los pantalones al montón. Ya sólo le quedaban los calzoncillos-Además, parece que estás bien ahí dentro y me apetece probarlo.

Y, de repente, se zambulló a mi lado, salpicándome. En ese momento, una melodía empezó a sonar proveniente de los altavoces próximos a la piscina. Él salió a la superficie, con el pelo goteándole de forma graciosa. Entonces la reconocí.

-Yo la conozco. Es Justin Bieber…

Y al segundo, la ya más madura voz del joven canadiense lo confirmó, un poco amortiguada por la distancia. If I was your boyfriend…

Sin darme cuenta, comencé a tararearla, pero él me puso enseguida un dedo en los labios. Entonces empezó a cantarla él, mirándome directamente a los ojos.

If I was your boyfriend, I’d never let you go. I can take you places you ain’t never been before. Baby take a chance or you’ll never ever know…


Estábamos apenas a unos centímetros de distancia y, mientras prestaba atención a la letra, no podía evitar mirar alternativamente a sus ojos y a sus labios, de los que salían una voz maravillosa. Nunca habría imaginado que cantara tan bien.

I’d like to be everything you want. Hey girl, let me talk to you…


Las gotas de agua con aspecto de rocío en sus pestañas parecían querer hacer sombra a aquellos ojos, tan azules ahora que parecían irreales. Sólo la piscina, por su inmensidad, podía hacerle competencia.

If I was your boyfriend, never let you go. Keep you on my arm girl, you’d never be alone. I can be a gentleman, anything you want…


Sus labios mojados también habían adoptado un tono más llamativo que de costumbre. Ahora eran de color rojo fuego, como si estuvieran ensangrentados, cual vampiro. Y su atracción era como la de uno. Estaba perfecto, como su voz y el mensaje que me estaba haciendo llegar. Realmente quería besarle.
So give me a chance, ‘cause you’re all I need girl. Spend a week wit your boy I’ll be calling you my girlfriend. If I was your man, I’d never leave you girl. I just want to love you, and treat you right… 

Y me besó. Antes de que yo pudiera hacer nada, él tomó la iniciativa por primera vez. Cerré los ojos y se lo devolví. Y lo que empezó siendo impulsivo, se convirtió en algo dulce y sentido. Entonces se apartó lentamente. La canción había terminado.
-¿Confías en mí? ¿Entiendes ahora lo que quiero decir? -Sí… y sí.-atiné a decir, todavía con el corazón hinchado con ese sentimiento que me había empeñado en no reconocer.
Entonces él sonrió, pero no con una de esas sonrisas que había lucido antes, sino una de verdad, de las suyas, de las del “Niall bueno”. Yo hice lo mismo, con una felicidad que no había sentido en mucho tiempo, y él me agarró suavemente por la cintura y me atrajo hacia sí, hasta rozarnos. Podía sentir su calor a través del poco agua que nos separaba, algo que me resultó extremadamente agradable teniendo en cuenta el tiempo que había estado sola rodeada de ese líquido, que si bien no resultaba peligroso, tampoco tenía la temperatura adecuada. Él también lo percibió.
-Estás fría.-susurró, y me abrazó.
Sentí que podía estar así durante horas, pero él opinaba de manera diferente y pasó un brazo por debajo de mi trasero, haciendo que tuviera que subir las piernas y unirlas detrás de él.
-No hacías pie y estarías cansada. Vamos adonde cubre menos.
Y me llevó así hasta allí. Yo sentía un poco de vergüenza, pero me abracé fuertemente a él, deseosa de su temperatura y de todo lo demás. Mi cabeza estaba peligrosamente cerca de su cuello, le di un beso y después las gracias.
-No hagas trampa, no empieces antes de tiempo.-musitó, sin disimular el placer que había sentido.
Cuando llegó a la otra orilla, sin embargo, no me bajó, sino que me apoyó contra ella, sin apartarse de mí. Nos quedamos mirando fijamente, con deseo.
-Te gustan los besos en el cuello, ¿eh?-dijo volviendo a sus medias sonrisas.
Entonces fue él quien se lanzó al mío, besándolo con pasión al principio y fiereza después. Eso le puso mucho, como pude comprobar bajo mi ropa interior, que tocaba directamente con la suya, y llegado un punto se obligó a dejarlo de manera cortante. Mi respiración también se había acelerado increíblemente y el corazón me latía en el pecho a toda velocidad. Niall se fijó en él y lo agarró con las dos manos, haciéndome gemir mientras se divertía poniendo duro lo que debía. Ya no podíamos aguantar más e hizo a un lado con un dedo mis braguitas de mis ya abiertas piernas que se aferraban a él con fuerza, al igual que mis brazos. Y entonces lo sentí, cada vez más adentro, y cómo sus movimientos se iban haciendo más rápidos mientras no dejábamos de comernos a besos.
Salimos juntos de la piscina y nos dedicamos a secarnos el uno al otro, aguantándonos las ganas de volver a repetir lo de allí abajo. Finalmente me enrosqué una de las toallas alrededor del cuerpo y él me puso su chaqueta sobre los hombros para taparme, tras lo cual me abrazó y me dio un beso en la frente.
Cuando mi reloj indicó que iban a dar las 12, nos dirigimos a buscar mi vestido y, después de cambiarme, ambos fuimos lo mejor que pudimos a la sala principal de la fiesta, tal y como me había ordenado mi señora madre. Nuestro peinado no era como el de antes, yo no llevaba maquillaje y ambos teníamos un “aspecto húmedo”, pero al menos estaríamos presentes y con suerte no habría vergüenza familiar por mi culpa. Eso estaba lleno de gente, pero no me costó dar con mi madre porque estaba en medio, con mi padre, mientras que los demás dejaban espacio y los rodeaban. Por lo visto se iba a anunciar algo. Me despedí del rubio apretando suavemente su mano y me uní a ellos, mientras que él se iba con sus hermanos. Cuando le pregunté a mi padre qué pasaba, él, muy sonriente, me contestó que era una sorpresa y que se desvelaría cuando estuviéramos todos. Pero Jess no apareció en toda la maldita noche, así que cuando iba a ser la 1 se decidió que se haría en el desayuno. Por lo visto, no habían dado con ella en toda la noche y no la habían podido avisar, pero confiaban en que estuviera cerca o alguien la viera, lo que no ocurrió.
Antes de que mis padres comenzaran a hacer preguntas incómodas sobre mi aspecto, huí de su lado y fui a buscar a mi acompañante de la noche. Al acercarme, vi que sólo estaban con él Liam y Louis, que llevaba ahora a la tal Kevin en el hombro como si fuera un pirata. Me imaginé sin mucho esfuerzo con quiénes se encontrarían los otros dos. Al verme, Louis me saludó feliz y yo hice lo mismo. Parecía estar un poco loco, pero resultaba obvio que era un chaval muy simpático. Llegué junto a ellos, me giré hacia Liam y le pregunté si sabía dónde estaba el resto de su rebaño, pero me respondió con un poco de vergüenza y fastidio que no tenía ni idea. Por lo visto, se sentía culpable de que ellos fueran en parte responsables de que la fiesta hubiera sufrido este traspiés. Le consolé un poco diciendo que se arreglaría todo por la mañana y Niall me cogió la mano. Cuándo le miré, dijo simplemente: “Vámonos, anda, que aquí ya no hay nada que hacer”, y tras despedirnos de ellos echamos a andar hacia las escaleras, lejos de la multitud. Le confesé mis pensamientos según fueron tomando forma en mi cabeza:
-Mañana por la mañana tendré que buscarla si no aparece en su habitación. A saber dónde está y ahora no voy a ponerme a ello. Supongo que debería irme a dormir, por si acaso. De todas formas, todo debería de acabar dentro de poco.
Le miré, y vi que estaba un poco triste. Seguíamos cogidos de la mano. Era alucinante lo que podía hacer una canción oportuna. Habíamos pasado de no entendernos a ser amigos o algo más… Suponía que a partir de entonces Justin Bieber me caería más en gracia que antes. Nos dirigimos hacia mi habitación y confesó que le recordaba a Liam y que le parecía una lástima que hubiera tenido que dejar de divertirme desde tan pronto, mientras que los demás era posible que siguieran durante unas horas más. También se arrepintió de haberme dejado otro rato en la piscina metida porque tampoco lo había pasado bien. Entonces ya no pude más y le abracé fuerte. Era alucinante como podía pasar de ser un macarrilla a un chico tan tierno… Le dije que no podía imaginar haber hecho nada mejor en la fiesta y le invité a entrar a ese cuarto que ni yo misma había visto antes. Resultó que había una cama de matrimonio, que resistió todos los embates de la noche.
Amanecí todavía abrazada a él y tuve que ser especialmente cuidadosa para no despertarle al levantarme. Le miré. Realmente parecía un ángel, rubio y con cara aniñada. Cuando cerré la puerta con cuidado, concluí que si nadie la había visto desde hacía tantas horas, probablemente estaría fuera, en los jardines. Toqué en la puerta de su habitación. Nada, no había vuelto. Y así, “cazando” por los espectaculares exteriores del hotel, la encontré metida dónde en otras ocasiones se habría puesto una banda de música. Bueno, “música” seguro que habían hecho, así que tampoco se habían equivocado tanto de lugar. Me llevé a Jess de vuelta al hotel y al volver a pasar por la piscina cuando llegábamos a la entrada me vinieron a la mente recuerdos de la noche anterior. Sonreí. Realmente era bonita de día y de noche.
Entré en la sala con ella y las dos nos pusimos junto a mis padres. Ya estaba la familia completa y había comenzado al parecer otro espectáculo. Primero mi madre se enfureció con Jess públicamente por no dar señales de vida cuando debió hacerlo ayer por la noche. Y después se produjo la sorpresa que todos estábamos esperando y que a unos cuantos nos dejó boquiabiertos cuando la escuchamos, pero a nadie como a Jess. Nate se había decidido a desvelarla y proclamó que a partir de entonces ella y él estarían prometidos. La gente prorrumpió en aplausos y comenzaron las primeras felicitaciones al aire. Yo no podía apartar la vista de mi hermana. Sé lo que sentía por ese muchacho, que era su ex, y aunque no le importaría hacérselo con él otra vez, no era amor. Se la veía shockeada y casi desesperada, como a punto de echar a correr. Se dio la vuelta y se quedó parada, entonces, unos segundos después, se desplomó. Toda la familia nos abalanzamos sobre ella, intentando reanimarla, y aunque no parecía grave, mis padres decidieron que era hora de darle un descanso y nos retiramos a casa, sin darnos tiempo a despedirnos de nadie.
Esa misma tarde, tras dormir unas horas en la mansión familiar y evolucionar favorablemente, volvimos las dos a nuestro apartamento, donde nos esperaba Jane. Cuando se había enterado de lo ocurrido, me había llamado al móvil para que le contara cómo se encontraba Jess, pero aun así se la notó preocupada hasta que pudo comprobar por sí misma que todo iba bien. Más tarde, la propia Jess admitiría que lo había fingido al ver que era la única manera de escapar de ahí y de la situación, y que había aprovechado esas horas para dormir lo que no había podido hacerlo por la noche, y nos guiñó un ojo. Aun así, pasó lo que quedó de ese día festivo bastante deprimida y Jane y yo hablamos con ella e intentamos que olvidara el tema y se divirtiera un rato. No sé si lo conseguimos de verdad y qué se le ocurriría en un futuro para librarse de esta, pero yo ya había tomado mi decisión.
En la mañana del miércoles salí de casa antes de tiempo en dirección al instituto. Subí al coche y conduje más deprisa de lo que lo hacía normalmente, recordando la conversación en secreto que había tenido el día anterior con mis padres y en la que se negaban en rotundo a anular esa boda, argumentando que ese chico era el único que podría pararla los pies y hacer de ella una mujer respetable. Obviamente, no la habían pedido opinión porque creían saber la respuesta. Maldita alta sociedad. Jess se podría negar, obviamente, pero tendría que estar preparada para romper completamente con la familia, y eso era algo muy difícil. Aparqué, y me dirigí hacia la sala de delegados, donde se acordaban los asuntos y eventos importantes de la escuela. Como era de esperar, allí estaba el jefe de delegados, con el que había tenido algo hacía un tiempo. Le mostré el cartel que llevaba en la mano.
-Ronnie, ¿no te parecería estupendo que este viernes hubiera una fiesta de máscaras? -Vaya, vaya, pero mira quién es… ¿Qué se dice primero? -Hola… y por favor.
Puse cara de niña buena y él no se pudo resistir más. Cogió el papel que le había enseñado y lo leyó.
-Podría hacerse, por supuesto, y es una buena idea, pero…-giró la cabeza y se agachó, dispuesto a que le diera un beso.-necesitas pagar. -Oh, Ronnie…
Entonces le cogí suavemente del mentón para que no se girara y le di lo que buscaba. Era simpático y, aunque también cumplía con las características de chico listo y responsable, pertenecía a la alta sociedad, y resultaba atractivo. No era como el típico empollón de las películas del que podías sentir vergüenza. Summer Smith no se liaba con cualquiera.
-Muy bien. Lo comunicaré al comité y se pondrán copias del cartel por todo el instituto.
Él se había quedado satisfecho y yo también. Realmente podríamos ser amigos. Sonó el timbre y me fui a clase, tirándole besos de agradecimiento mientras él se reía.
Por el pasillo me encontré con Roberta, la fea cotilla, justo como quería. Tras saludarla, me pidió disculpas por abalanzarse sobre mí sin motivo aparente al final de la fiesta en casa de los Van der Croeft y dijo que entendió mi reacción. Flipé de lo bien que había empezado la cosa y, a cambio, le comenté que el viernes habría una fiesta y que se iba a anunciar dentro de poco. Ella se emocionó mucho, viendo las inmensas posibilidades de correr la noticia primero, y aproveché esa casi euforia que se veía en sus ojos para asegurarle lo bien que estaría que ella fuera la reportera fotográfica para el periódico del instituto. Eso significaba poder inmortalizar cosas que no debían ser vistas y valiosa información. Allí fue cuando casi le da un orgasmo y me aseguró que lo haría ella, fuera como fuese. No esperaba menos.
Entré en clase. Teatro de nuevo, y ese día comenzarían las prácticas. La profesora, que sabía español, aunque no tan bien como el nativo, hizo grupos y se fue pasando en turnos por todos ellos para ver cómo iban avanzando en idioma e interpretación. A Álex le tocó con los chicos que tenían nivel medio-alto, entre los que destacaba, y a Gina la pusieron con lo peorcito de las chicas. Yo me quedé sola, y al principio me dejaron un tiempo para familiarizarme con la obra y las líneas. En ese rato, el hombre estrella de la clase se fue pasando por todos los grupos, poniendo atención especialmente en mis dos camaradas. Finalmente, se paró delante de mi mesa. Tras advertirlo, dejé de leer y levanté la vista, para encontrarme con su sonrisa deslumbrante y sus hermosos ojos azules. Sentí que iba a morir de un momento a otro, de nervios o de placer. Entonces me animó a empezar a interpretar juntos, haciendo él de Romeo o de cualquier otro personaje que tocara. Y nadie más existió para nosotros. Viendo mi capacidad y esfuerzo, cada vez que hacía las cosas como él esperaba, se sentía más y más contento, al igual que yo. Cuando el timbre sonó, nos costó dejarlo a ambos, hasta el punto de que casi olvidé mencionarle la buena nueva.
-¡Oh! Um, profesor. -Tutéame, anda. No nos llevamos tantos años y ya hay confianza. -Está bien…, Marcos. ¿Has oído que este viernes va a haber un baile de máscaras? Lo digo porque los profesores también asisten y sería una lástima que te la perdieras. Seguro que es genial. -Ah, sí, eso he oído de camino a la clase…
Estupendo. Roberta estaba haciendo su trabajo tal y como esperaba.
-Los chicos invitan a las chicas. Aunque puede decirse que es mera formalidad. Luego en la fiesta se puede estar en grupo o con otra pareja incluso. -Ya… Lo malo es que yo aquí no conozco a casi nadie y no me veo pidiéndoselo a Ms. Radcliffe. -Te entiendo. Yo tampoco tengo pareja y no creo que la tenga porque soy la organizadora-mentí, ya que podría ir casi con quien quisiera-, pero luego dentro estaría con mis amigos.-suspiré, y decidí lanzarme, disfrazando el flirteo de pura amistad y poniendo cara triste- Te los debería presentar, son majos de verdad y nunca viene mal conocer gente. Sería una pena que vinieran todos y tú no… o yo.
Él pareció meditarlo un momento. Era joven y de sangre latina, la fiesta corría por sus venas.
-Supongo que podríamos ir juntos, pero no creo que se viera muy bien que un profesor y una alumna vayan como pareja.-frunció el ceño. -Todos vamos a llevar máscaras, así que si no se dice nadie tiene por qué enterarse. Además, como has dicho antes, apenas hay diferencia de edad entre nosotros y no es que tú me evalúes ni que vayamos a tener algo…
Me sonrojé un poco, y lo mismo hizo él, pero lo pensó unos pocos segundos.
-Está bien. Summer, ¿quieres ir al baile conmigo? -Encantada.
Sonreí, y él se rió. Me dirigí hacia mi siguiente clase y me senté al lado de Gina, que acababa de sacar los libros y ponerlos sobre la mesa.
-Hola, Gina. Estaba pensando en lo unidas que están nuestras familias con esto de las parejitas que se están creando… -Sí… -¿Qué opinas de eso? -Pues… me parece bastante bien, supongo…-se había quedado parada, pero había arrancado. -Ah… Pues yo creo que es estupendo.
Ella se sorprendió mucho.
-¿En serio?
-Sí, claro. Mira Jess y Zayn, por ejemplo. ¿No te gustaría verles de una manera un poco más seria, que garantizara la buena relación entre nuestros apellidos? Me refiero como personas básicamente, no únicamente como negocio.
Ahí ella estuvo a punto de perder los papeles de la emoción. Era como una niña en una fábrica de golosinas.
-¡Sería genial! ¡Opino lo mismo! -Entonces necesito que me garantices una cita con él. Para conversar. Tengo que hablarle sobre un asunto y no sé si pidiéndosela en persona me haría caso. -Cuenta con ella. Yo me ocupo de todo. Sólo dime día y hora. -Cuanto antes mejor. Si pudiera ser durante la comida, de hecho, sería perfecto. En la explanada trasera. -De acuerdo. Ve allí y él estará. Te lo garantizo.
Perfecto. Ya tenía movilizados el viernes a los medios de comunicación (Roberta), madrinas, padrinos y al juez (Marcos). En cuanto obtuviera el compromiso del novio, sólo quedaría que Jess diera el “sí quiero” para que el chantaje a mis padres en directo alcanzara su máximo esplendor.

2 comentarios:

  1. Hola wappas:
    Soy Roci, y se me dio por leerlo un día que estaba aburrida, y descubrí este marabilloso blog, aun estoi empezando a leer, pero lo que e visto asta ahora me encanta. Enserio, quiero daros las felicidades, y pediros que sigáis, porque hace falta gente emprendedora como vosotras en estos momentos. Un beso, y aquí tenéis una fan.
    Por si algún casual tuvieseis un ratito muerto, os dejo el link de mi blog, y pediros que si podéis me dejéis un comentario o algo así.
    Besiis y abrazos

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  2. http://lasprincesashanmuerto.blogspot.com.es/

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