domingo, 29 de julio de 2012
Will dejame en paz
Narra Jess:
No fui a casa a dormir, pasé toda la noche discutiendo con mi padre sobre el tema de la pelea. La guarra de Cindy había pretendido robarme todo, pero ya la enseñé que conmigo no se jugaba, si me tocaban las narices podía dejar mi pijería a un lado y sacar mi lado agresivo. Los gritos de mi padre me sacaron de mis pensamientos.
-Jess, ¿estás ahí o vuelves a estar pensando en las musarañas?
-Eeeeh, lo siento padre- quería que le llamáramos con respeto.
-Hija, después de todo lo que has echo no puedes quedar impune.
Le miré con ojos de odio y me levanté del sillón desafiante, yo era un espíritu libre y no iba a dejar que nada y mucho menos nadie me impidiera lograr mis objetivos.
-Me voy a casa padre, ya hemos hablado de todo.
-No seas tonta, ya es tarde, mejor quédate aquí.
-Se cuidarme sola padre- estaba apunto de abrir la puerta.
-¡Jessica Mary Smith! ni se te ocurra irte de esta casa a estas horas- mi padre echaba fuego por los ojos- ya se te acabó el hacer tonterías.
Le miré detenidamente, solté el pomo de la puerta y me di la vuelta para volver a sentarme de nuevo en el sillón de cuero. Cuando mi padre decía mi nombre completo es porque pasaba algo muy grave. Después de unos cuantos minutos en silencio y con una tensión tan sólida que si hubiera querido podría haberla cortado con un cuchillo, mi padre habló.
-Jessica, tienes que cambiar ya, no puedes seguir así.
-Papá, digo padre, esa chica me atacó, yo solo me defendí. Es la misma chica que siempre me ha intentado joder la vida desde que era una cría.
-¿Esa chica es Cindy Adams?- abrió mucho los ojos.
-Si, esa.
-No te preocupes más de ello- se levantó de su sillón, fue a la puerta, salió y antes de cerrar la puerta me dijo- duerme hoy aquí, mañana podrás volver a casa.
Me quedé en su despacho media hora más mirando como las llamas bailaban dentro de la chimenea.
No me dí cuenta de que me había quedado dormida hasta que volví a soñar con el bosque que había detrás de mi bloque de apartamentos, con las cinco sombras y esos ojos azules.
Me desperté dando un brinco y comprobé que estaba en mi antigua habitación. ¿No me había quedado dormida en el sillón? bueno, me habría llevado a la habitación alguno de los mayordomos, no le dí mucha importancia y fui al baño. Ya allí me peiné, me lavé y fui al comedor para desayunar, mis padres y mi hermano ya se encontraban allí cuando yo llegué.
-Buenos días querida- dijo mi madre antes de darle un pequeño sorbo al café.
Ella, ella era la causa de todos mis problemas, la que había echo que yo fuera rebelde, la que me había echado de esa casa y la que me causaba problemas con mi padre. No la soportaba.
-Hola hija, ¿dormiste bien?- dijo mi padre sonriendo cuando me vio.
-Si, padre.
Me senté en mi sitio habitual con elegancia y comencé a servirme el desayuno: croissants y café. Por una vez pasé el desayuno tranquilamente en esa casa, no había gritos ni cosas rotas por todos lados, al terminar de comer me coloqué bien la ropa, me despedí de mi familia y me dispuse a salir.
Al abrir la puerta los rayos del sol impactaron de lleno en mi, haciendo que mi pelo y mis ojos cambiaran de color, era un fenómeno paranormal que no sabía porque me ocurría, y me pasaba desde que era una cría. Cuando comencé a poder visualizar bien el panorama me encontré delante de casa un coche descapotable rojo me inundó la vista, habría sido perfecto si no estuviera dentro de el Will ¿Ese chico nunca me iba a dejar en paz?
Intenté esconderme entre los setos y las flores para que no me viera, si, me daría igual llenarme de tierra y manchar mi traje con tal de no verle, pero fue imposible.
-Jess, estas aquí- me cogió de la mano y me llevó a su coche.
-Will, ¿en serio que nunca me vas a dejar en paz?
-El día en el que uno de nosotros dos muera.
-¿Qué?- lo miré incrédula.
Si se pensaba que yo me casaría con el en un futuro lo llevaba claro, para empezar no me atraía lo más mínimo y era mi amigo de la infancia, conocía todas sus preocupaciones y sus miedos. Era como un hermano, pero no se pispaba de que para mí nunca podría ser algo más. Condujo hasta mi casa y me dejó en la puerta.
-Te espero aquí y te llevo al instituto.
-Paso.
Abrí la puerta del portal y pulsé el botón del ascensor, cuando se abrieron las puertas vi a Summer y a Alex salir de el.
Mi hermana se acercó a mi y me dijo que fuera a ver a Jane, la contesté bordemente y me metí en el elevador, pulsé el botón de nuestro piso y esperé hasta llegar a el. Recorrí el pequeño descansillo que separaba el ascensor de la puerta de mi apartamento e introduje las llaves en la cerradura, sonó un ¡clac! y entré. Todo estaba oscuro y no podía ver bien nada, si mi hermana acaba de bajar de aquí ¿porque estaban las persianas bajadas? bueno, lo que me preocupaba ahora más que nada fue intentar averiguar
donde se encontraba mi amiga, asique encendí las luces, subí las persianas y abrí las ventanas para poder estar más agusto.
Subí las escaleras de cristal que conducían al piso de arriba donde se encontraban las habitaciones y los baños y toqué la puerta de la habitación de Jane.
Sonó un débil pasa proveniente de dentro y entré cuidadosamente.
-Jane, ¿que haces aún en pijama? y con esas pintas....
-Si hubieras vivido lo mismo que yo ayer me entenderías.
Me senté en el filo de la cama y esperé a que me lo contara, tras contarme el intento de violación por parte de Jace, el mini-ataque del perro suelto del bosque y las luces de la casa encendidas me incorporé y salí de la habitación sin dirigirla la palabra, bajé las escaleras a todo correr, me tropecé unas cuantas veces, normal, iba con zapatos de tacón de aguja, pero no me caí, haría todo lo posible para no destrozarme mis preciosas rodillas.
Desde el ventanal del salón pude ver la mansión gigante del bosque, se veían las cortinas corridas como si viviera alguien allí, pero no podía ser, esa casa estaba reservada para Jane y para mí, cogí el móvil y llamé a mi padre.
-Dime hija- su tono de voz era despreocupado.
-¿Como que te diga? la mansión del bosque esta siendo habitada ahora mismo y tu y el Sr. Williams la habíais reservado para nosotras.
-Si, pero por ahora no la necesitais.
-Da igual, esa casa era nuestra.
-Hija, déjate de tonterías y vete al instituto, llegarás tarde.
Y sin más dilación colgó, ¿como se atrevía? Me di la vuelta para ir a mi habitación y coger otro uniforme cuando vi bajando las escaleras a Jane, la verdad es que estaba horrible, pero con una sesión intensiva de maquillaje de mi parte volvería a estar preciosa como siempre lo estaba.
-Jess, vete sin mí- su voz sonaba como si hubiera estado toda la noche llorando.
-Una mierda, tu vienes conmigo o sino no voy- la cogí de los hombros y la senté en una de las sillas del comedor.
La preparé el desayuno y mientras se lo comía fui a por su uniforme y el maquillaje que la vendría bien para hoy. Se metió a la ducha y cuando salió de ella la comencé a maquillar, como no quedó preciosa.
Seguramente no tendría ánimos para conducir hasta la cárcel con lo cual cogimos mi coche, al bajar al portal aún seguía allí el coche de Will, por lo tanto fuimos al garaje y cogí el coche de Jane en vez del mío, eso le despistaría, pensé. Conduje hasta el instituto y al bajar del coche vi como un grupo de niñas tontas iban detrás de los nuevos, cuando el del pelo cresta les dijo que tenía novia ellas dejaron de atosigarle tanto y se percató de que le estaba mirando, me sonrió, me guiñó un ojo y siguió andando junto con los demás chicos.
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